Sinapsis

Sinapsis

Comprender el funcionamiento de nuestro cuerpo, de nuestro cerebro y de como aprendemos es necesario para poder comprender los mecanismos necesarios para desarrollar todo nuestro potencial.

Nuestras neuronas transmiten señales eléctricas a través de la sinapsis ramificándose a medida que aprendemos nuevas experiencias y con ello estimulamos al cerebro para aprender más y mejor. Con todo ello vemos la importancia del desarrollo del bebé en el útero materno mes a mes, de las experiencias del bebé en el nacimiento, de la influencia de su primer entorno familiar y un posterior entorno más social. Multitud de teorías han tratado de explicar este proceso de aprendizaje del cerebro, desde las teorías genéticas de Piaget, las psicoanalíticas de Freud y las sociales de Vigotsky.

Lo importante de todo ello es conocer la individualidad de cada ser humano, cada persona es única. Cada uno de nosotros nacemos con una carga genética determinada, donde entre otras cosas heredamos un temperamento que influirá en como recibamos el resto de estímulos exteriores. A partir de ahí nuestra capacidad cognitiva se verá influida por un entorno familiar seguro o no y una adecuada introducción al entorno social. Todo ello propiciará nuestra capacidad de comunicarnos e influirá en nuestro autoconcepto y autoestima.

La importancia de que todos los padres que decidan tener un hijo conozcan estos hechos es vital para educar a ese hijo. Por supuesto, hay ocasiones en que esto es imposible. Hablamos del hipotético y común caso de aquellos padres que desean tener familia pero realmente no están preparados para ello porque ignoran lo que conlleva; y no me refiero a lo típico de “ya no tenemos vida propia”. Me refiero a dar lo mejor a nuestros hijos, además de en el plano afectivo, concepto importantísimo para el desarrollo cognitivo y social del niño, ofrecerles todas las posibilidades para que se desarrollen óptimamente y puedan llegar a tener un sentimiento de sí mismos tan positivo y fuerte que sean capaces de enfrentarse al mundo por ellos mismos y aprender con cada experiencia de manera positiva y correcta, aunque ello conlleve que los propios niños cometan errores, que no es otra cosa que otra fase necesaria para el aprendizaje.

La estimulación de los niños hay que contemplarla desde todos los ámbitos, desde la satisfacción de sus necesidades fisiológicas en las primeras etapas reafirmando su eficacia al influir en su entorno, hasta la capacidad de escuchar y conocer todos los pasos habituales por los que pasan en las diferentes edades para comprobar que es parte de su aprendizaje y no un mero capricho de cada uno.

Llegados a este punto hablamos de la inteligencia emocional. Esa palabra que se ha puesto tan de moda pero que en realidad pocos conocen su significado. Hablamos de educar con conocimiento, respetando la evolución del niño, ofreciéndole estímulos afectivos, sociales y cognitivos, teniendo en cuenta lo que piensa para poder actuar en consecuencia.

A partir de aquí, vendrá todo lo demás…

Clara

 

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