¿Miedos infantiles? Descubre por qué y cómo ayudarles

A diario escuchamos relatos de madres y padres, de profesores y abuelas sobre cómo sus hijos, nietos o alumnos están aquejados de algún terrorífico miedo que no les deja dormir, que les domina y petrifica y de cómo sufren ansiedad, malestar y repercute en todo su entorno familiar y escolar.

Los niños pasan por estados emocionales diversos, entre los que se encuentran los miedos, con una intensidad tal que nos alarmamos enseguida. Ante todo, hay que mantener la calma e intentar dilucidar el motivo que causa el miedo. Habitualmente los padres conocen bien a sus hijos y los que les sucede en el día a día y podemos definir o concretar algún suceso que ha podido provocarles ese miedo. En otras ocasiones, no sabemos de donde viene, porque la mente de cada uno es un mundo y no sabemos el motivo, y los niños suelen ser tan pequeños que tan poco pueden expresarlo.

Existen muchos tipos de miedo, que habitualmente surgen entre los 3 y los 4 años, cuando empiezan a racionalizar y analizar la realidad en la que viven. Puede ser miedo a bichos, a monstruos, a personas desconocidas, a quedarse solos, a separarse de sus padres, a la oscuridad, etc. La cuestión es que a cada uno le afecta de diferente manera y de ahí la dificultad para ayudarle. El miedo supone un momento de crecimiento personal, de maduración, hay que enfrentarse a “algo” y conseguir superarlo, por tanto debemos verlo como algo bueno, como un aprendizaje, aunque sabemos que en ocasiones se hace eterno. Es un proceso que debe seguir el niño para mejorar la inseguridad que le produce ese hecho. Debe buscar mejorar su autoestima y su confianza en sí mismo, sabiendo que puede vencerlo y seguir adelante y que en la vida deberá pasar por esta situación muchas veces, de distintas maneras.

Con los más pequeños, es dificil hablar sobre ello, no se expresan con la claridad que quisiéramos o que podamos comprender. Por eso es útil hacerlo a través de algo que les gusta y donde reflejan muy bien sus sentimientos y emociones: a través del dibujo. El signficado psicológico de los dibujos es amplio y siempre debe adaptarse al contexto y persona que lo realiza, pero puede ser una fuente magnífica de información. En él tendremos en cuenta muchos factores. Tanto la presión con que realiza los trazos (fuerte si está tenso), la forma de hacerlos (formas muy rigidas, con muchos ángulos, poco flexibles) e incluso el color (sabemos que dependiendo de los tonos puede reflejar un estado anímico u otro). Pero esto no es así sin más. El que un niño pinte en negro un triángulo y rasgue el papel no tiene porqué significar nada más que le gusta ese color, que su motricidad está poco desarollada y lo hace fuerte para evitar que se le caiga el lápiz y que está intentando dibujar un tejado de pizarra.
Por eso incido en que es muy importante conocer el contexto y las circunstancias personales de cada uno.

Otra de las cuestiones más importantes para afrontar los miedos infantiles es la actuación de los padres. Si hablamos, por ejemplo de miedo a la oscuridad es importante que ellos se mantengan firmes en la decisión de que duerman en su cama solos, deben mostrar valentía para que se les contagie a sus hijos. Si la fuente de seguridad de unos niños son sus padres ¿cómo van a ser ellos los primeros preocupados por el miedo? Esto se transmite aunque sea incosncientemente, así que lo ideal sería trivializar el tema y, al mismo tiempo, darle recursos al niños para ayudar a vencer su miedo. Puede ser a través de cuentos de superhéroes donde se sientan identificado, o colocar esa pequeña luz que le dará seguridad toda la noche, o esa muñeca que duerma junto a ella para sentirse arropada. Poco a poco el niño se calmará, y con la mente despejada conseguirá la solución que busca, superará ese miedo.

En ocasiones, esto resulta todavía más dificil. Podemos utilizar también el juego. Se puede introducir al niño en una dinámica de juego similar a su miedo, pero de menor intensidad. Por ejemplo, si le da miedo la oscuridad, haremos juegos de tinieblas, a su nivel, donde deberá buscar objetos escondidos e identificarlos, o dirigirse al sonido elegido. Así, con pequeñas aventuras se va introduciendo la oscuridad en su vida y comprueba que no pasa absolutamente nada. Es igual que el miedo a los animales. Cuando un niño tiene miedo a los perros, lo mejor para superarlo es que tenga acceso continuo a uno, primero un cachorrito para que vea que no puede hacerle daño, que sólo quiere jugar como él, y cuando haya crecido no se habrá dado ni cuenta y habrá superado ese temor (por supuesto siempre que sea un miedo “infundado” no que haya pasado por una situación traumática con un perro, en este caso es diferente).

Actualmente existen métodos innovadores para superar los miedos. Es el caso de la realidad virtual, donde a través de un mundo virtual se introducen los elementos que nos dan miedos, por ejemplo bichos, y nos ponen a prueba para superarlos. Os dejo el enlace a VirtualRET.

Con esto, y como todo en la educación de los más pequeños, debemos tener una paciencia infinita y ayudarles en su crecimiento. Pero son ellos, y sólo ellos, los que deben recorrer ese camino. Nosotros les ayudamos, les damos claves, lo hablamos, les acompañamos y queremos en el proceso para que resulte algo más sencillo. Atender sus necesidades emocionales les permitirá superar esos miedos u obstáculos más fácilmente.

Saludos

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