La evaluación: cómo la vemos y cómo deberíamos verla

By Jeshu John
By Jeshu John

Cuando hablamos de evaluación estamos acostumbrados a pensar en exámenes.

Sin duda en nuestro país, con las nuevas leyes educativas que utilizan la evaluación como un juicio de valor constante, con exigentes reválidas cada dos por tres, y donde también padres y alumnos sufren ese acoso interminable y casi diario de exámenes en los centros, nos llevan a considerar la evaluación carente de sensibilidad humana.

El concepto de la evaluación, si bien no está adecuadamente instaurado, es un proceso que resulta enormemente útil en cuanto que nos proporciona los mecanismos que necesitamos para mejorar el sistema. Pero, por supuesto, esto debe matizarse.

No podemos considerar la evaluación como una simple calificación sino como un proceso mucho más complejo.

Para empezar la evaluación consta de diversas fases.

Podemos contar con una evaluación inicial que nos muestre el punto de partida del conocimiento de los alumnos. Es una evaluación totalmente orientadora, sin calificaciones.

En segundo lugar contamos con una evaluación formativa y continua, que se realiza a lo largo del proceso de aprendizaje y que es propiamente la que debe darnos ese feedback que necesitamos para ajustarnos a los requerimientos de ese aprendizaje.

Y finalmente contamos con una evaluación final o sumativa que valora ese proceso de enseñanza-aprendizaje como un todo. Habitualmente es aquí donde se valora también numéricamente a los alumnos.

Los fundamental para que el proceso de evaluación resulte eficaz y útil es el constante feedback que proporciona tanto a docentes como alumnos en la mejora del proceso.

Estamos acostumbrados a hacer exámenes o controles y a recibir una nota por ello, generando una competitividad insana y desde luego no facilitando un aprendizaje duradero.

Lo ideal sería que cada prueba que se realice para comprobar los conocimientos fuera consensuada y retroalimentada, de manera que cuando el alumno tuviera la prueba corregida y lejos de ser calificada sirviera para comprobar en qué ha fallado, porqué y que necesita para no hacerlo.

Una buena práctica para ello es que los propios alumnos se autoevalúen para concienciar a los alumnos de cómo creen que ha sido su ejercicio, ofreciéndoles un momento de reflexión acerca de su aprendizaje.

Las valoraciones que califican numéricamente o con variables (las que conocemos de suficiente/bien/notable…) no resultan adecuadas durante el proceso, porque lejos de motivar, fomentan actitudes competitivas al tiempo que produce estrés el hecho de saber que en todo momento están juzgando como aprendes.

En este sentido parecen las rúbricas, una herramienta muy útil de valoración, con otro objetivo diferente, que es ajustar el proceso y tratar de mejorarlo. Las rúbricas se equiparan a los objetivos que pretendemos que alcancen los alumnos pero pierden ese carácter de juicio de valor que obtenemos con la calificación numérica.

¿Cómo elaborar rúbricas?

Por ello este tipo de evaluación alternativa (en palabras de Victor M.López Pastor), donde no prima la calificación y hay diferentes formas de evaluar, es la que debemos tener en cuenta.

En primer lugar, lo que se evalúa es todo, no sólo el aprendizaje de los alumnos. Evaluamos cómo aprenden, si aprenden, cómo es el proceso que utilizamos de enseñanza para que aprendan, de manera que nos ofrezcan un feedback para mejorar todo el proceso en todos sus puntos, de cara a los alumnos y de cara a los docentes. La implicación de todos es esencial, no sólo deben evaluar los docentes, también los alumnos deben implicarse en su propio aprendizaje y al hacerse activo tienen que conocer los mecanismos que utilizamos para que aprendan y poder valorar su eficacia o no de los mismos a partir de su propio aprendizaje.

Esta nueva evaluación orientada al aprendizaje (alternativa) busca una identificación con una situación real de aprendizaje, busca que el alumno aprenda activamente y se autoevalúe, retroalimente y encuentre significado a su aprendizaje (evaluación dialogada y democrática).

Esto, que se denomina “low stakes feedback”, pretende que el alumno sea evaluado formativamente, simplemente con la intención de que conozca el proceso en el que aprende, sin repercusiones calificativas finales que puedan someter o influir en su propio aprendizaje.

Es una manera que tenemos de indicarles el camino, de mejorar su proceso, realmente, de acompañarles en el camino del aprendizaje como mentores.

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