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Perder para ganar horizonte: el nuevo curso empieza soltando

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Ganar, soltar, hacer espacio

Nos han enseñado a ganar, pero no a perder

Ganar, soltar, hacer espacio

Estas vacaciones me han servido para una limpieza integral, de esas que empiezan en un armario y terminan en un lugar completamente distinto de ti misma. Necesitaba una buena limpia, de años, de abrir cajones que llevaba años sin tocar, de papeles de proyectos que seguía guardando como si algún día fuera a necesitarlos, objetos heredados que cargaba más por obligación que por cariño. Y al final del proceso, tras haber tragado polvo hasta el infinito, convirtiéndose el punto limpio en mi segunda casa y con una organización diferente, me he dado cuenta de que llevaba tiempo arrastrando también expectativas que ya no eran mías, ideas de éxito heredadas de otras personas, versiones de mí que en algún momento decidí perseguir y que ahora, sinceramente, ni siquiera reconocía como deseables.

Seguramente esto también te pase, de vez en cuando, y te has dado cuenta del peso de esas cargas que no hemos elegido, pero que sin darte cuenta están ahí.

Este año me he propuesto cultivar la valentía, pero desde otro enfoque. No se trata de conquistar metas, sino de soltar y hacer espacio para llegar a otro lugar; todavía no sé cuál.

Nos han enseñado a ganar, pero no a perder

Desde pequeños hemos soñado con ganancias: las notas, los objetivos, el aprendizaje, el trabajo, la familia, etc. Parece que consiste en ir sumando cosas, casi parece una vida consumista de experiencias, conocimientos, oportunidades o competencias. Tendemos a celebrarlo todo, pero no cuando perdemos. Parece que perder significa fracasar, muchas veces porque no lo hemos elegido. Sin embargo, nada que ver con la realidad. Una semilla se pierde para ser una flor. El sol se pierde cada día para anochecer. Otras veces, y aquí es donde hay que ser valiente, perdemos a propósito porque descubrimos que no somos esa persona que puede con todo, que estamos siempre disponibles, que queremos saberlo todo, que descansar es perder tiempo, poniendo esto en la cima…

Ser valiente es tomar decisiones con honestidad, aceptando que algo ha de cambiar. Y para cambiar, hay que perder cosas.

Aunque a primera vista parezca lo contrario, renunciar no es el camino fácil. Ganar tiene aplausos automáticos, tiene una narrativa cultural entera que lo sostiene sin que tengas que justificarte ante nadie: quieres más, te esfuerzas, lo consigues, todo el mundo entiende ese guion y te acompaña en él. Soltar, en cambio, tiene que fabricarse sus propios motivos desde cero, porque vivimos en una cultura diseñada para premiar la acumulación, donde elegir menos en lugar de más nos hace sentir raros, casi sospechosos, como si estuviéramos fallando en algo que ni siquiera sabemos nombrar.

Al final del proceso aparece algo parecido al alivio (la limpieza que he hecho ha sido liberadora), pero en medio del proceso lo que hay casi siempre es incomodidad o incluso duelo. Ese duelo supone el inicio de algo, una mirada al futuro, despejar el terreno para imaginar otras cosas.

Si algo va a crecer en este nuevo curso, va a ser justamente esto, la costumbre de mirar hacia delante sin aferrarnos a un único camino, dejando espacio para que convivan varios futuros posibles a la vez hasta que alguno de ellos, con el tiempo, empiece a parecer el nuestro. Porque se trata de crear las condiciones para poder afrontar lo que viene.

¿Qué estás dispuesto a perder este curso para hacer espacio a un futuro que todavía no puedes ver?

Esto es solo el principio de la conversación, y de un año que quiero dedicar, sobre todo, a pensar juntas hacia dónde miramos.


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